lunes, 11 de diciembre de 2017

"En Diciembre se hielan las cañas y se asan las castañas."



Según el refranero popular en diciembre se hielan las cañas y se asan las castañas. Y así es, el día 21 del último mes del año, llega el invierno y con él, tardes de lluvia; tardes de sofá, peli y mantita; tardes cortas y tranquilas, tardes de disfrutar de un libro... ¡qué bien que haga frío!


Diciembre es un mes con alegría de fiestas, de música navideña, de campanitas y cascabeles, regalos y vacaciones.Sin embargo, siempre está el que cree que esto de la Navidad es una chorrada, una pérdida de dinero, una cursilada. Eso mismo es lo que le pasa a Scrooge, el personaje de Cuento de Navidad.  Al principio de la novela es un hombre de corazón duro, egoísta y al que le disgusta la Navidad, los niños o cualquier cosa que produzca felicidad, y sino lee...
¡Feliz Navidad, tío; que Dios lo guarde!», exclamó una alegre voz. Era la voz del sobrino de Scrooge, que apareció ante él con tal rapidez que no tuvo tiempo de darse cuenta de que venía.«¡Bah! ‑dijo Scrooge‑. ¡Tonterías!»El sobrino de Scrooge estaba todo acalorado por la rápida caminata bajo la niebla y la helada; tenía un rostro agraciado y sonrosado; sus ojos chispeaban y su aliento volvió a condensarse cuando dijo:«¿Navidad una tontería, tío? Seguro que no lo dices en serio.»«Sí que lo digo. ¡Feliz Navidad! ¿Qué derecho tienes a ser feliz? ¿Qué motivos tienes para estar feliz? Eres pobre de sobra.»«Vamos, vamos»‑respondió el sobrino cordialmente‑.«¿Qué derecho tienes a estar triste? ¿Qué motivos tienes para sentirte desgraciado? Eres rico de sobra.Scrooge no supo repentizar una respuesta mejor y dijo otra vez: «¡Bah!» ‑y siguió con‑ «¡Tonterías!».«No te enfades, tío», dijo el sobrino.«¿Cómo no me voy a enfadar» ‑respondió el tío‑, «si vivo en un mundo de locos como éste? ¡Felices Pascuas! ¡Y dale con Felices Pascuas! ¿Qué son las Pascuas sino el momento de pagar cuentas atrasadas sin tener dinero; el momento de darte cuenta de que eres un año más viejo y ni una hora más rico; el momento de hacer el balance y com­probar que cada una de las anotaciones de los libros te resulta desfavorable a lo largo de los doce meses del año? Si de mí dependiera ‑dijo Scrooge con indignación‑, a todos esos idiotas que van por ahí con el Felices Navidades en la boca habría que cocerlos en su propio pudding y enterrarlos con una estaca de acebo clavada en el corazón. Eso es lo que habría que hacer».«¡Tío!», imploró el sobrino.«¡Sobrino!», replicó el tío secamente, «celebra la Navidad a tu modo, que yo la celebraré al mío».«¡Celebraré!», repitió el sobrino de Scrooge. «Pero si tú no celebras nada...»«Entonces déjame en paz», dijo Scrooge. «¡Que te aprovechen! ¡Mucho te han aprovechado!»«Puede que haya muchas cosas buenas de las que no he sacado provecho», replicó el sobrino, «entre ellas la Navidad. Pero estoy seguro de que al llegar la Navidad ‑aparte de la veneración debida a su sagrado nombre y a su origen, si es que eso se puede apartar‑ siempre he pensado que son unas fechas deliciosas, un tiempo de perdón, de afecto, de caridad; el único momento que conozco en el largo calendario del año, en que hombres y mujeres parecen haberse puesto de acuerdo para abrir libremente sus cerrados corazones y para considerar a la gente de abajo como compañeros de viaje hacia la tumba y no como seres de otra especie embarcados con otro destino. Y por tanto, tío, aunque nunca ha puesto en mis bolsillos un gramo de oro ni de plata, creo que sí me ha aprovechado y me seguirá aprovechando; por eso digo: ¡bendita sea!»
Canción de Navidad, Charles Dickens 

Pero también es un mes que llega, con un agridulce sabor, no tanto en la boca como en el corazón. En algunos hogares han llegado malas notas y con ellas, las preocupaciones y castigos. Para los que celebramos la Navidad es una época muy familiar en la que siempre nos falta alguien. Algo parecido nos canta Bely Basarte en esta canción: Diciembre y no estás.




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